Así, mira, así sería nuestro apartamento.
Nos puedo visualizar ahí, matando el tiempo un domingo cualquiera, de esos en los que no hace falta ningún contacto con el mundo exterior. Te imagino ahí, trabajando desde tu computadora, escuchando alguna de tus piezas favoritas de Hélene Grimaud, mientras que yo me sentaría cerca, intentando leer sin mucho éxito uno de esos libros densos que tanto te gustan y de los que yo no entiendo ni siquiera el índice. De vez en cuando, te haría muecas para distraerte, te daría un masaje en el cuello y te mordería una oreja sólo porque sí.
Y cuando comience a caer la noche me asomaría a la ventana (tu sabes que soy un hombre de atardeceres) y me fumaría un cigarro contemplando el panorama. Y es que esas ventanas están diseñadas para disfrutar un cigarro. Tu me reclamarías por el humo y yo te reclamaría por dejar esa bicicleta atravesada ahí, porque definitivamente debe ser tuya. Mía ni de casualidad.
Luego, cuando el sol se haya ocultado por completo nos sentaríamos a tomar vino y a escuchar música o a hablar tonterías sin importancia. Y quizás sea por el efecto del vino, o por las mordidas injustificadas, pero muy probablemente terminemos profanando el sillón con actos lujuriosamente obscenos.
Y así, mira, serían nuestros domingos.
(Source: withoutapaddle)
Así, mira, así sería nuestro apartamento. Nos puedo visualizar ahí, matando el tiempo un domingo cualquiera, de esos en...